jueves, 9 de septiembre de 2021

El esfuerzo de entender al otro

¿ Comunicación o monólogo?

Esa es la pregunta.

Hoy: monólogo sobre la comunicación. 

Desde hace varios días ronda nuevamente la inquietud en mi cabeza, me comunico o monologo. Cuantas veces de modo consciente la conversación entablada es ida y vuelta y cuantas otras es simplemente sacarme de encima las palabras que se agolpan en el paladar sin importar si las escuchan o quien las escucha. ¿Qué mecanismos se activan en un caso y en otro? ¿Esos mecanismos son activados por el destinatario del mensaje? 

Aquí un punto. Cuando el mensaje sale en modo monólogo, ¿el destinatario acaso no es uno mismo? En estos casos parece más fuerte la necesidad de que resuene el eco de la voz y el eco de la idea en el emisor, es como mirarse al espejo y ensayar un gesto, como concretizar el pensamiento, hacerlo tangible. Las motivaciones para monologar pueden ser diversas y de distintas intensidades pero, indefectiblemente borran de la escena al interlocutor. 

Muchas veces, a lo largo de cada día, en pequeñas situaciones y en situaciones no tan pequeñas borramos al interlocutor, le quitamos su individualidad, lo callamos, y es cuando el monólogo importa más que la conversación.

Por suerte, el mundo moderno nos provee de muchas herramientas para monologar, una es ésta, un blogg, o cualquiera de las redes sociales que optemos por utilizar. 

Y con este monólogo, me doy por satisfecha.

domingo, 14 de marzo de 2021

Sobre la mecánica de las imposiciones

La tiranía de las ideas.

    Imponer pensamientos y perspectivas es una de las formas de violencia y ejercicio de poder más comunes en nuestro tiempo.
    Esta modernidad, que en teoría, abraza la diversidad en todas sus expresiones está plagada de dictadores del pensamiento. Hago esta afirmación basada en la propaganda ideológica circulante, a la que nadie escapa, que marca de modo tajante como debemos ser para ser humanos.
    La humanidad avanza, avanza su pensamiento y avanzan las costumbres, en general en orden a eliminar las cadenas represivas de las convenciones sociales, o de las etiquetas perversas de la vana moralidad. 
    Así, a lo largo de la historia, la humanidad vivió movimientos culturales, artísticos, científicos y filosóficos que llegaron para plantear nuevas formas de pensar y nuevas formas de entender la realidad.
    Pero... hoy más que nunca los generadores de las nuevas formas, en aras de acelerar los cambios que la humanidad necesita, se convierten en verdaderos dictadores ideológicos que intentan imponer por todos los medios a su alcance los nuevos paradigmas, aún a costo de echar por tierra la tolerancia.
    Los nuevos revolucionarios ideológicos pasan de plantear las nuevas discusiones directamente a imponer los estrictos nuevos estándares de pensamiento que deben aceptarse masivamente, con una tiránica rigidez y como dije ya, a costa de todo, enarbolando la bandera del progreso como fin último y justificando todos los medios.
    Este panorama, además de erizar los bellos de mi nuca, me genera la siguientes preguntas: ¿la estandarización de las ideas será el mejor camino para la evolución humana? ¿Acaso lo fue en algún momento histórico? ¿La real evolución no debería priorizar por sobre todo la diversidad, la aceptación del otro?
Pensamientos desordenados